Entrada publicada originalmente en The Void Stile el 30 de mayo de 2017
Hace no demasiado tiempo pudimos disfrutar In a Heartbeat (Beth David y Esteban Bravo), un cortometraje sobre el amor de dos adolescentes con la peculiaridad de ser el primer acercamiento directo a este tema en una producción infantil. No demasiado tiempo atrás, Aristemo se convirtió en un fenómeno de éxito en nuestro país por representar los conflictos con la familia por atreverse a vivir su amor valiente. Hora de Aventuras y Steven Universe, dos de las series punteras de Cartoon Network han logrado incluir un mensaje de aceptación y orgullo a través de sus personajes miembros de la comunidad LGBTTTIQ.
Es interesante ver cómo en pleno Siglo XXI, año 2019 de Nuestro Señor Jesucristo, exista gente escandalizada por el mero hecho de tener contenidos orientados al público general por contar como protagonistas a dos personajes homosexuales, siendo que la homosexualidad, como parte inherente a la naturaleza humana, ha estado presente en todos los ámbitos de la vida a lo largo de el historia.
Por ello, y partiendo de la idea del cine como medio de expresión artística (así como medio de denuncia para exponer ideologías políticas, económicas, sociales, religiosas y un extensivo etcétera), decidí realizar un breve -y un tanto superficial, todo hay que decirlo- repaso al cómo ha sido retratada la homosexualidad en este arte, dependiendo siempre de la época, del país, o del director, puesto que desde los comienzos de éste a la actualidad, la comunidad LGBTTTIQ ha visto una paulatina evolución en la forma de enfocar la diversidad sexual: desde la censura en los años 30, al uso de estereotipos en los 70, a la cada vez más amplia -pero no total- apertura que recibe el colectivo al día de hoy.
Llegamos así al primer acercamiento homosexual al cine, un poco en tono de comedia gracias al increíble genio de Charles Chaplin en el cortometraje Behind the Screen (Charles Chaplin, Edward Brewer, 1916), donde Chaplin besa a una mujer vestida de hombre, mientras otro hombre que lo ve.
Con la llegada del cine sonoro en los años 30 y debido al Código Hays (código de conducta que censuraba los desnudos, los besos apasionados, la prostitución, el libertinaje sexual, el aborto, y por supuesto la homosexualidad) los cineastas no podían hacer referencias explícitas, por lo que recurrían a la figura del mariquita: personajes extremadamente amanerados, remilgados, con delgados bigotes y a menudo grotescamente maquillados en el cine de Hollywood, ideales para que los hombres se sientan más masculinos y las mujeres más femeninas.
Pese a todo, los personajes gay escapan de la censura en notables ejemplos como La Soga (1948) donde Alfred Hitchcock muestra como sus dos protagonistas, quienes asesinan a su compañero de estudios, tienen algo más que una bonita amistad. En El Halcón Maltés (Jonh Huston, 1941), el personaje de Peter Lorre manifiesta su homosexualidad a través de movimientos sugerentes a un bastón mientras baila música femenina. En Río Rojo (Howard Hawks, 1948) un western donde los protagonistas comparan sus pistolas y su puntería.

Con el paso de los años, el cine deja de lado el dañino estereotipo del mariquita para presentar a los gays como asesinos y depravados; y posteriormente esto se traduce en que ser gay o lesbiana significa ser infeliz, lo que se traduce en la imposibilidad de encontrar el amor verdadero.
Con la llegada del SIDA y a la par de los movimientos sociales encabezados por Harvey Milk, primer funcionario público abiertamente homosexual, este paradigma cambió nuevamente y se comenzaron a producir películas que trataban con respeto a los homosexuales, buscando el realismo de las relaciones entre pareja y en situaciones de la vida diaria. Silkwood (Mike Nichols, 1983), Personal Best (Robert Towne, 1982), Making love (Arthur Miller, 1982), El Color Púrpura (Steven Spielberg, 1985); son títulos emblemáticos de esta nueva ola de cine pro-LGBT, para llegar a la galardonada Philadelphia (Jonathan Demne, 1993), quien de la mano de Tom Hanks y Antonio Banderas aborda el caso de un enfermo de SIDA y el posterior rechazo que vive.
En nuestro país, profundamente homofóbico, se da la primer cinta homosexual en 1971 con el estreno de La Primavera de los Escorpiones (Hugo Argüelles) seguida de El Lugar sin Límites (Arturo Ripstein), basada en la novela del chileno José Donoso. Sin embargo, ambas cintas recurren a denostar la figura del homosexual, caso contrario a lo realizado por Jaime Humberto Hermosillo, con Doña Herlinda y su Hijo (1984).
A ellos seguirían películas como Danzón (María Novaro, 1991), El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, 1995), Y Tu Mamá También (Alfonso Cuarón, 2001), cintas que tocan temas de diversidad sexual sin profundizar en ellos, más enfocadas en las relaciones humanas.

El cine mexicano contemporáneo trae consigo Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (Julián Hernández, 2003), El Cielo Dividido (Idem, 2006) en el que se trata las infidelidades en una pareja; La Otra Familia(Gustavo Loza, 2011), la historia de Hendrix, un niño abandonado y rescatado por una pareja homosexual; Peyote (Omar Sarabia, 2013), filmada en San Luis Potosí, y por último Obediencia Perfecta (Luis Urquiza, 2014), quien relata los abusos del padre Maciel y los Legionarios de Cristo.
A partir del nuevo milenio, la temática ha sido tratada, por lo general, sin complejos y con mayor profundidad. Gotas de Agua Sobre Piedras Calientes (François Ozon, 1999), Las Horas (Stephen Daldry, 2002), Monster (Patty Jenkins, 2003), Oscura Inocencia (Gregg Araki, 2004), La Mala Educación (Pedro Almodovar, 2004), Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006), Milk (Gus Van Sant, 2009), Les Amours Imaginaires (Xavier Dolan, 2010), Ausente (Marco Berguer, 2011), Gerontophilia (Bruce LaBruce, 2013), Hoje Eu Quero Voltar Sozinho (Daniel Riveiro, 2014), A Escondidas (Mikel Rueda, 2014) son solo algunos de los títulos más representativos de estas dos últimas décadas.
En el mundo del cine animado se ha visto recientemente la apertura de la diversidad sexual en las cintas Como Entrenar a tu Dragón 2 (Dean DeBlois, 2014) y Frozen (Jennifer Lee, Chris Buck, 2013), quienes solo hacen una referencia a la homosexualidad de sus personajes, siendo ParaNorman (Sam Fell, Chris Butler, 2012) una de las primeras películas de animación con un personaje abiertamente gay.
Eso sin olvidar los ejemplos de representación que hace años hubieran sido impensables. A la lista mencionada de Mi Marido Tiene Más Familia, Steven Universe y Hora de Aventuras; se suman más y más ejemplos orientados al público infantil y juvenil, cortesía de la apertura generada gracias a los servicios de streaming y la amplia necesidad de ver a un sector representado. Andi Mack, Good Luck Charlie y Gravity Falls, de Disney; Elite, de Netflix; Clarence, de Cartoon Network, Avatar: La Leyenda de Korra por parte de Nickelodeon; la lista crece y crece año trás año.

El contenido LGBTTTIQ vive ahora una época donde se busca el reconocimiento del público a la par de los movimientos por la igualdad de derechos tanto del matrimonio como de la adopción homoparental, del reconocimiento en plenitud de la comunidad de trans-géneros y transexuales y de la eterna lucha contra la homofobia.
El mundo del arte no puede obviar la realidad del mundo LGTB. No es un trabajo de limitar al cine como cine hetero y cine gay, así como tampoco debe hacerse la distinción entre cine independiente o comercial, pues como alguna vez comentara Stanley Kubrick, el cine solo debe dividirse en bueno o malo.
El cine es una visión de lo que somos, lo que hemos sido y hacia donde caminamos como sociedad. Gracias al trabajo de directores como Gus van Sant, Julian Hernández, Xavier Dolan, François Ozon, Bruce LaBruce, Pedro Almodovar… cineastas que no temen hablar de un mundo en el que lo homosexual está tan presente como el aire que se respira.
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